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“El estado natural de la Humanidad es la cooperación”. Un gran artículo para hacer una gran reflexión

El Hombre es un lobo para el Hombre, sentenciaba el filósofo. Y cualquiera que conozca un poco de historia, o simplemente mire a su alrededor, será consciente de innumerables actos de egoísmo, de acciones de las personas en su propio beneficio que perjudican o como poco molestan a otras personas. Actos o pensamientos que demuestran, más allá de cualquier duda razonable, que el ser humano piensa primero en sí mismo, después en sí mismo, y ya si eso en tercer o cuarto lugar en los demás. Es algo sabido y comprendido, interiorizado como la esencia misma de la Humanidad hasta el punto de constituirse en la base de sistemas económicos y hasta filosóficos: el egoísmo nos lleva a la crueldad con los demás. Las personas somos por naturaleza competitivas y enemigas. No te puedes fiar de nadie. Cuando lo que parece demostrar la evidencia científica es todo lo contrario: resulta que los humanos en esencia somos monos cooperativos. Y desde mucho antes de lo que pensábamos.

Bien pensado, es lógico. Sin herramientas y tecnología somos animales extremadamente indefensos. En la sabana o la selva un predador puede capturarnos con facilidad, pues carecemos de velocidad, fuerza o garras con las que defendernos. Incluso equipados con garras artificiales como puñal y lanza (o hasta rifle, como bien sabía Hemingway) un gran carnívoro y bastantes herbívoros son capaces de acabar fácilmente con un humano aislado. Pero la cosa es diferente cuando en lugar de un único ser humano el atacante se encuentra con unos cuantos, similarmente armados. La confrontación, entonces, gira del lado de los humanos. Lo cual implica un delicado problema evolutivo. Porque unirse a un grupo aumenta las probabilidades de supervivencia de ese grupo en su conjunto, pero puede reducir la probabilidad del individuo en concreto, al aumentar el riesgo al que se expone. Por esa razón tradicionalmente se ha considerado que la cooperación entre individuos es un invento relativamente tardío en la evolución humana, y que apareció junto con el gobierno centralizado y la capacidad de imponer la cooperación mediante coerción. Un nuevo estudio sugiere que no es así; que cooperamos desde siempre.

El estudio analiza el comportamiento de los Turkana, una sociedad del este de África formada por pequeñas unidades familiares que pastorean ganado, al que tienen que mover con frecuencia cuando se agotan los pastizales. A veces, cuando una tribu vecina demuestra signos de debilidad, centenares de guerreros Turkana pueden reunirse para asaltar de modo cooperativo sus rebaños, repartiéndose el botín. Las posibilidades de éxito de un ataque de este tipo se incrementan con el número de asaltantes. Pero cada uno de esos asaltantes corre un riesgo, puesto que los ataques no son incruentos y pueden resultar heridos, e incluso muertos. Mediante entrevistas los investigadores computaron la probabilidad de un guerrero concreto de resultar muerto en un ataque específico, que resultó ser del 1,1%. Como consecuencia muchos no desean unirse a los ataques, o incluso desertan durante su curso. Como no existe una autoridad central, nadie tiene la capacidad de castigarlos.

Pero la cultura a la que pertenecen dispone de sus propios mecanismos de castigo, ajenos a la existencia de autoridad ninguna. Los hombres que no quieren luchar o desertan son tachados de cobardes e indignos por sus vecinos. Incluso la propia comunidad puede juzgar los casos más egregios y dispensar un castigo físico público, en forma de una paliza. Es decir, que los sistemas sociales pueden organizar la cooperación entre individuos incluso cuando no hay una autoridad central capaz de castigar a los que no cumplen. Lo cual implica que la cooperación, incluso entre centenares o miles de personas no emparentadas (e incluso no conocidas) entre sí puede ser mucho más antigua de lo que pensábamos. Para lo bueno y también para lo malo somos primates muy cooperativos, por las buenas o por las malas. Y no necesitamos jefes para ello. Nuestro estado natural es cooperar, incluso para enfrentarnos. Paradojas de la evolución humana.

Autor: Pepe Cervera

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Una respuesta

  1. oski

    Hemos sino durante la historia de la humanidad aun mucho más cruentos de los ejemplos que citas. Pero hoy las realidades son otras, el acceso a la información no manipulada y por consiguiente la buena formación, va posibilitando que sabios y pensadores, científicos y comunicadores se conviertan en la vanguardia intelectual necesaria para encauzar las voces de muchos jóvenes que entregan su tiempo, su vida en aras de un mundo mejor. El proceso será largo porque se ha hecho mucho daño al planeta y quedan pocos referente creíbles. Pero muchos sentimos ese despertar tan necesario, con nuevos valores, sustentado por un espíritu solidario y triunfando sobre la codicia y ambición desmedida de unos pocos que son en definitiva quienes te han llevado a ti a reflexionar de esa forma. Te invito a sumarte a los que incrementamos la ilusión en un futuro mejor para nuestra descendencia y el entorno donde van a vivir.

    Me gusta

    julio 18, 2011 en 9:22 am

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