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QUEMAR A ALGUIEN VIVO ES UN ACTO SATÁNICO, por el ex-jesuita Salvador Freixedo

inquisicion
Foto: Juan Hus fue quemado vivo el 6 de julio de 1415 en Constanza, Alemania.

La Inquisición es una de las lacras del cristianismo. Y al decir Inquisición no me estoy refiriendo específicamente a la española, porque la Santa Inquisición funcionó en toda Europa y en algunos lugares fue mucho más inhumana y despiadada que en España. Este es otro tema en el que la Iglesia, por un exceso de celo o más claramente por puro fanatismo y por seguir las directrices de iluminados desquiciados, cometió graves injusticias. La quema de herejes es algo que no se puede borrar y que tiene que llenar de vergüenza a los auténticos cristianos. Quemar vivo a un ser humano, cualquiera que haya sido su delito, es ya de por sí algo que solo cabe en la mente de un sádico desequilibrado, pero quemar vivo a un ser humano sencillamente por pensar diferente es un acto de tal sevicia y salvajismo que uno se siente inclinado a pensar directamente que en él hay algo diabólico.

La escena de Juan Hus en lo alto de una pira en llamas, macilento por los ayunos de su vida austera y predicando hasta que el fuego ahogó su voz, es un acto que desde hace años llevo gravado en mi memoria. ¿Y a quién le predicaba? Nada menos que a los padres del Concilio de Constanza, reunidos en aquella ciudad alemana en 1414. Les predicaba instándoles a que imitasen más a Jesucristo en la pobreza, en la austeridad de vida, en la práctica de las virtudes evangélicas y en el desprecio de los bienes de este mundo. En este concilio abundaban los obispos que no se distinguían precisamente por la austeridad de sus vidas. Se trataba de un concilio en el que los supremos jerarcas de la Iglesia, dando un pésimo ejemplo, se hallaban divididos en tres bandos, pues tres eran los papas que en aquel momento había en la Iglesia; un concilio en el que a uno de los papas presentes, y que había acudido con la esperanza de ser elegido como único Sumo Pontífice, en lugar de elegirlo le hicieron un juicio y lo encerraron en una mazmorra por prevaricador, blasfemo, simoníaco y lujurioso. Aquella santa tropa conciliar, en nada evangélica, se sintió muy satisfecha por haber quemado a un hereje. Pero el concilio duró todavía tres años más y al poco tiempo apareció por allí un discípulo de Juan Hus llamado Jerónimo de Praga predicando las mismas “herejías” que su maestro, y los santos padres del concilio le repitieron la dosis de fuego y humo. ¡Qué santa salvajada!

Una respuesta

  1. Quién no puede o al menos intenta, reconocer su sombra no puede hablar de pecadores, como lo hace, cargando las espaldas de sus semejantes con culpas por el solo hecho de ser humanos. Soy de Jesús, no de esa iglesia que siempre esta en el lugar que a mi no me gusta estar. La iglesia es la mano derecha de este sistema atroz, el emperador y el papá siempre se asisten mutuamente para controlar al mundo.

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    febrero 4, 2016 en 9:14 pm

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